La primera vez que España hizo entrar a Europa en suspensión de pagos


En 1577 Felipe II, rey de España, tomaba una decisión que hacía entrar en shock a toda Europa: el mandatario había decidido no pagar a los acreedores extranjeros la astronómica deuda acumulada por su padre el emperador Carlos I. Lo que sigue es una sucesión de hechos que guarda sospechosas semejanzas con las caídas de Grecia e Irlanda así como el “acoso” actual de los mercados contra España.

Las noticias sobre la quiebra hispana llegaron pocos días después a las casas reales de Portugal, Francia, Austria e Inglaterra así como a los oídos del prestamista más importante del emperador español, el jefe de la familia Fugger, que de la noche a la mañana pasaba a descubrir que se encontraba en la ruina.

Ante esos hechos los acreedores del rey de Francia entraron en pánico, las dudas eran lógicas ¿Si el emperador de la primera potencia militar del mundo se declaraba insolvente qué impedía al rey galo hacer lo propio? Debido al miedo y la confusión el monarca francés vio como le resultaba imposible encontrar a alguien en el extranjero que pudiera comprarle su deuda, era, por tanto, una situación delicada que de sostenerse en el tiempo llevaría a la ruina a las finanzas francesas. En ese estado de cosas tranquilizar a los “mercados” se convirtió en un objetivo prioritario, para conseguirlo el rey Francisco I intentó remarcar dos puntos:

a) Que Francia no era España (¿Le suena a alguien?)
b) Que Francia sí estaba dispuesta a cumplir sus contratos (¿Le suena a alguien?)

Las declaraciones del rey disminuyeron el miedo de los acreedores durante unos meses pero este volvió cuando los prestamistas trataron de tener acceso a las cuentas reales y comprobaron su opacidad lo que acabó cerrando definitivamente el grifo a la financiación francesa y conduciendo al país a la suspensión de pagos en 1578.

La caída del reino galo y del imperio español llevó, obviamente, las dudas a los acreedores de Portugal pero el mandatario del país se apresuró a informarles de que su nación no podía compararse a las otras dos y que el miedo sobre su solvencia era infundado. Lo fuese o no resultó algo poco convincente y en 1560 Portugal anunciaba su intención de no cumplir sus compromisos.

El contagio arrasaba las cuentas de toda Europa como un castillo de cartas en el que su base se hunde,
Francia entraría en quiebra ocho veces en apenas dos siglos y en cada una de sus crisis de deuda externa las familias nacionales que habían dejado dinero al monarca eran pasadas a cuchillo, el proceso llegó al imaginario popular que acabó denominando esos prestamos al rey como “contratos de sangre”.
Era una forma contundente de resolver los contenciosos con los acreedores ubicados dentro del país y a los que el monarca podía fácilmente acusar de cualquier delito (traición, brujería, etc…)

Debido al escaso desarrollo tecnológico y educativo en el s XVI la población profesaba la creencia errónea de que los mercados eran personas concretas que querían cobrar lo que se les debe, en la actualidad, gracias a internet y a los tertulianos hemos descubierto que se trata de una confabulación del capitalismo para acabar con el Estado del bienestar, una conspiración que ha conseguido vencer la voluntad del presidente de España.

Se trata de un cambio de paradigma algo así como la demostración de la falsedad de la física aristotélica, gracias a los contertulios de cada pesebre, esos que dependiendo de la cuerda tan pronto rebuznan que Zapatero quiere instaurar un califato musulmán en España como afirman que los sindicatos, esos comunistas de yate para todos, realizan una labor ejemplar en el país.
Ahora los de la trinchera veloz llevan meses advirtiéndonos que quienes de verdad gobiernan el mundo son los mercados, gente que nadie ha elegido, un grupo de personas que unidos a Angela Merkel se atreven a no querer comprar la deuda española y solo adquieren la del país que estiman más segura.

Con dos cojones.

Lamentablemente la jauría de lobos neoliberales que niega la financiación a los PIIGS no existía en el s.XVI, entre otras cosas porque el capitalismo aún no había hecho acto de presencia en el mundo ¿Cómo explicar que en la corte de Francisco I surgiesen los mismo problemas que en la actualidad? La respuesta es obvia:

“Porque la situación es diferente”

Ese es el argumento que se ha dado cada una de las 13 veces en que España ha incurrido en bancarrota, la misma por la que que Rusia suspendió pagos con el Zar, los comunistas o tras adoptar el capitalismo, la misma explicación que los diferentes gobiernos griegos que entraron en “default” arguyeron:

“El corrupto régimen X ha sido un desastre para mi país por eso no le pagaron pero déjeme el dinero que le pido porque yo soy diferente y yo si lo voy a hacer”

Ha sido tantas veces “distinto” en la historia del mundo que C. Reinhart y K. Rogoff dedicaron un libro (imprescindible) a todos los procesos de suspensión de pagos acaecidos desde el s. XIV en los que se blandía esa excusa.

El manual, obviamente, se titula “This time is different”

El número de “defaults” varía entre países. España, el inventor del concepto moderno de deuda y el primer país en quebrar (para que luego haya que oír críticas a la falta de impulso innovador en la nación de Alberti) repitió el desastre 12 veces más.
En las décadas que van desde la Segunda Guerra Mundial a nuestros días el récord lo comparten, en dura pugna, Argentina y Nigeria con cinco, mientras que Venezuela, Grecia y Uruguay mantienen una media disparatadamente alta para ser naciones con menos de dos siglos de vida independiente.

Han incurrido en default incluso países que jamás existieron, como prueba el rocambolesco caso de la República de Poytais, una falsa nación centroamericana del que un militar escocés (Gregor McGregor) se proclamó rey en el s. XIX consiguiendo que miles de sus conciudadanos le compraran tierras, empleos de funcionario en la administración o incluso deuda, el timo alcanzó tales dimensiones que McGregor vio como sus cuentas ingresaban el equivalente al 20% de las letras del tesoro de Brasil.

La principal causa que permite que alguien que arruina a un país pueda mantenerse en el poder es el seguidismo ciego a la ideología que lo causó (monarquía / comunismo / socialdemocracia / neoliberalismo), tanto es así que algunos de los timados por McGregor a pesar de haber perdido los ahorros de su vida y visto morir a 2/3 de los que emigraron a ese país de fábula llamado “Poytais” continuaban excusándolo a su vuelta a Escocia.

Incluído un padre que había perdido a sus hijos gracias al engaño de ese buscavidas.

Los ciudadanos defienden a sus colores y a sus líderes como los miembros de una religión a su Dios.

La excusa siempre es la misma: “Es diferente, los anteriores no eran verdaderos cristianos / peronistas / comunistas / musulmanes / X…porque el verdadero cristianismo/comunismo/peronismo es amor, paz, bienestar, igualdad, paraíso, los pajaros cantan las nubes se levantan y en un país comunista/neoliberal/cristiano/musulman/ cada-ciudadano-tiene-una-briana-banks-que-le-hace-felaciones-perfectas-y-diarias”

Pero, volviendo a la historia inicial, al momento en el que el rey Francisco I de Francia trata de convencer a sus acreedores de que él no es como el monarca español, centrémonos ahora no en lo que era diferente sino en lo que era igual a la Celtiberia del 2010:

a) Francisco I mostró su voluntad de pagar pero no la de realizar las reformas necesarias para que eso fuera posible, todas las que se atrevió a tomar llegaron tarde y fueron titubeantes.
b) Las contabilidad francesa era opaca y tenía más apaños que los números de una Comunidad Autónoma.
c) El fraude fiscal estaban generalizado, los más ricos (nobles y clero apenas contribuían)
d) Francisco I era un gobernante con una visión cortoplacista de los problemas, lo que conducía a que en lugar de resolverlos simplemente se retrasaban lo que acabó causando un efecto “bola de nieve”.

Francia no superó sus fallos estructurales hasta la revolución de 1789 en la que fueron abolidos los privilegios, se creó un sistema eficiente para mejorar la recaudación y se introdujo un modelo modernizado que pudiese controlar los gastos del gobierno.

Inglaterra hizo lo propio en 1688 reformando el parlamento para fiscalizar las acciones del rey.

En España, en cambio, sabemos que los problemas de financiación no son causados por una gestión ineficiente sino por el acoso de los mercados y por las recetas impuestas desde la Unión Europea a causa del empecinamiento fascista de Angela Merkel.

Solo el criminal comportamiento del neoliberalismo salvaje puede explicar por qué los acreedores tienen miedo. Lo que buscan no es cobrar, lo que buscan es poner a sus pies a una brillante nación liderada por Francisco Camps, Rodríguez Zapatero y Pepiño Blanco. ¿Al fin y al cabo qué inversor en su sano juicio prefiere comprar deuda de un país como el Reino Unido que no ha entrado en suspensión de pagos desde 1594 en lugar de la de otro que tiene como ministra a Leire Pajín?

No debería preocuparles el pasado histórico de España ni su récord mundial de quiebras, tampoco la profesionalidad de los que llevan el mando ni su pragmatismo.

No debería porque esta vez “es diferente”.

 

Fuente: www.elsentidodelavida.com

Publicado el diciembre 7, 2010 en 1 y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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