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Nucleares: el fin de la quimera de la energía segura y (casi) gratis

El desastre de Fukushima entierra las grandes promesas del sector. Los beneficios privados exigen un enorme desembolso de dinero público.

PERE RUSIÑOL

En 1954, Lewis Strauss, financiero estadounidense entusiasta del uso nuclear para fines civiles, pronunció un discurso ante la Asociación Nacional de Escritores Científicos que quedaría como hito de la fe en el potencial de la energía nuclear para mejorar el mundo: auguró que llegaría a ser “demasiado barata para facturarla”. Limpia, infinita, segura y, además, gratis: la gran utopía al alcance de la mano.

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